viernes, 8 de junio de 2012

No hay excusas

"No hay excusas" Lo dijo no hace mucho un compañero bloguero de los que podríamos considerar activos cuando otro compañero le comentó que también tiene un blog, aunque no encuentra tiempo para actualizarlo. "Todos tenemos tiempo pero no lo sabemos" sentenció el bloguero como un gurú. "Tienes que instalarte en el móvil una aplicación de reconocimiento de voz y hablar mientras conduces de casa al trabajo y del trabajo a casa. Retocas un poco el resultado y ya está. Así lo hago yo". Sonaba interesante. Tomé nota mental y pensé ponerlo en práctica. La verdad es que no sabía si sería capaz de hacer dos cosas a la vez (conducir y hablar), pero como conducir ya lo hago de forma subconsciente, que no es lo mismo que inconsciente, estaba dispuesto a intentarlo. De hecho, muchos días llego a mi destino sin recordar el trayecto, como si hubiera sido abducido y lobotomizado. Así que, en cierto modo, creía firmemente que sería capaz de conducir y hablar a la vez, a pesar de ser un tío.

Me descargué una fantástica aplicación: "Dragon Dictation". Y aquí empezó mi aventura como bloguero parlanchín. Después de instalarla en mi móvil, hice una primera prueba en casa y me sentí ridículo, igual que cuando dejo un mensaje en un contestador automático. Lo odio. Prefiero hablar con una pared, o mejor con una planta, así ayudo en la fotosíntesis. Es uno de los pocos recuerdos que tengo de las clases de ciencias: hay que hablar con las plantas, ayuda a la fotosíntesis. Y eso es bueno, más que hablar con las personas, porque están viendo la tele e interrumpes su telesíntesis.

Superada la primera prueba, surgieron las primeras dudas. Si me paro en un semáforo y estoy hablando, ¿creerán que estoy loco? ¿Me muevo como si estuviera cantando? ¿Bailo para dar más veracidad a la actuación? ¿Doy palmaditas? No, demasiado complicado. Soy un tío. Sólo puedo hablar. Así que en el primer semáforo observé a mi alrededor. Nadie estaba pendiente de mí, estaban pendientes de sus móviles, whatsappeando, tuiteando, enviando mails, mirando la agenda...qué se yo, excepto un señor con corbata que exploraba su nariz con efusividad. Tiempo de alergias, bienvenidos a las prospecciones nasales. En fin, prueba superada, puedo hablar solo en los semáforos sin parecer un loco. Incluso puedo ir desnudo si quiero. Nadie se dará cuenta.

Superada la segunda prueba, nuevas dudas. ¿Reconocerá la aplicación el imperfecto castellano de un mallorquín nativo? Ups! Los mallorquines somos especialistas en mezclar idiomas. Incorporamos palabras castellanas al mallorquín (barbarismes, que decimos nosotros, porque los castellanos son unos forasters invasores) y también mallorquinizamos el castellano. Idò sí, la transcripción podría ser de lo más imprecisa, però me n'afluix. Y digo podría porque no llegué a saber si todo lo que había "posteado" por el camino era fruto de mi imaginación o una horda de extraterrestres cachondos me había abducido, reprogramado y manipulado toda mi conversación. Ninguna frase de la transcripción tenía sentido, parecía un manuscrito de Rajoy.

Conclusión: este post lo he escrito a manita con mis deditos, y si pillo al bloguero parlanchín le daré una soberana paliza, pero con cariño, eh, que no soy violento.

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